Hombre y mujer: géneros, estereotipos e identidades (Segunda parte)

La actriz Emma Watson, Embajadora de Buena Voluntad de ONU Mujeres, pronunció un discurso para la igualdad de género en un evento de las Naciones Unidas.
La actriz Emma Watson, Embajadora de Buena Voluntad de ONU Mujeres, pronunció un discurso a favor de la igualdad de género en un evento de las Naciones Unidas.

Desde tiempos inmemorables han surgido estereotipos dirigidos a los hombres y a las mujeres. Muchos de los estereotipos aparecen cuando ciertas sociedades y culturas esperan que el varón y la fémina cumplan a cabalidad unos roles de géneros establecidos y al incumplirlos se piensa que han cometido una falta. Incluso en la actualidad la mayor expectativa para las señoras es que atiendan el hogar, velen por sus hijos y por sus esposos, mientras que el hombre es el máximo proveedor del hogar y tiene otras responsabilidades. Aunque estas tendencias han ido cambiando en las últimas décadas, aún hay oposición a cambios en los roles acostumbrados.

Lippmann y los estereotipos

El escritor, reportero y comentador de política estadounidense Walter Lippmann escribió en su libro Public Opinion (1922) que las personas se resisten a cambiar las ideas estereotipadas. Hay individuos que se niegan a transmutar sus ideas preconcebidas aunque estén seguros que están equivocados. Lippmann explicó que los estereotipos son creados por una persona o por grupos y puede darse en forma de crítica o cuando surge alguna percepción disímil. Cuando esas ideas se continúan promoviendo más entre individuos, se piensan que son finales e infalibles, es decir, los estereotipos se acrecientan y se sostienen con fuerza al difundirse.

Lippmann teorizó que la resistencia a los cambios se debe a los códigos morales, dado que ello puede influir en la opinión pública. Por lo tanto, supuso que la opinión pública es la versión moralista y codificada de los hechos. Sostuvo que las ideas estereotipadas centradas en los códigos determinan en gran medida qué hechos se perciben y cómo se aprecian. Igualmente, declaró que «nos hablan del mundo antes de verlo» y «nos imaginamos las cosas antes de experimentarlas», afirmando que los pensamientos preconcebidos, a menos que no sean descartados, gobiernan el proceso de la percepción. Lippmann reflexionó que los estereotipos se transmiten de padres a hijos.

Machismo y marianismo

Por otra parte, cabe destacar los conceptos de machismo y marianismo, tan discutidos cuando se mencionan los roles de géneros. La Real Academia Española define el machismo como «actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres» (rae.es, 2015). La palabra prepotente se refiere a una «persona que es más poderosa que otros, o alguien que abusa de su poder o hace alarde de él» (rae.es, 2015). El machismo está muy presente en Latinoamérica donde en muchas familias se exalta, con intención o sin ella, al varón con mucha virilidad. Se piensa que el hombre es el responsable del bienestar y del honor de su prole; también se le da más libertades. Las mujeres, por el contrario, representan la maternidad y la joven casta que llega virgen al matrimonio (marianismo). Esto tiene que ver con la tradición judeocristiana presente en las culturas latinas. Las ideas machistas y el marianismo, sin embargo, están cambiando en el presente, cuando observamos hombres menos agresivos y mujeres menos pasivas.

Tipificación de género en la infancia

Según la página electrónica Child Psychology, la tipificación de género es el proceso por el cual los niños y las niñas adquieren valores, motivos y conductas elegidas como apropiadas para los hombres y para las mujeres. En la infancia se desarrollan conocimientos basados en el género y en los estereotipos; a la vez los chiquillos adoptan una identidad y aprenden los roles designados para los varones y las féminas. Asimismo, hay dos factores cognoscitivos relacionados a la tipificación de género en la niñez: (1) cuándo los infantes adquieren la información asociada a los géneros; y (2) cómo esa información modifica las actividades y las conductas afines con los roles de géneros. Puesto que, como ya se ha mencionado, los padres y las familias influyen en la socialización de los roles debido a la manera en que crían a los niños. Desde una temprana edad, los infantes se identifican como varón o hembra, y se sienten recompensados al comportarse de acuerdo a su género. En ese proceso se desarrollan la identidad y la estabilidad de cada infante (Teoría del desarrollo cognitivo de Kohlberg).

En la parte posterior: Afiches de propaganda utilizados para reclutar mujeres durante la Segunda Guerra Mundial. A la izquierda: «Haz el trabajo que él dejó atrás» (1941-1945). Derecha: «Rosie, la remachadora» (1943).  Parte inferior a la izquierda: Mujer trabajando para una compañía de aviación en California, Estados Unidos. Parte inferior a la derecha: Una fémina y un varón trabajan en una fábrica de munición.
En la parte posterior: Afiches de propaganda utilizados durante la Segunda Guerra Mundial para reclutar mujeres para fábricas en Estados Unidos, que pudieran reemplazar a los varones activos en el ejército. A la izquierda: «Haz el trabajo que él dejó atrás» (1941-1945). Derecha: «Rosie, la remachadora» (1943). Parte inferior a la izquierda: Mujer trabajando para una compañía de aviación en California, Estados Unidos. Derecha: Una fémina y un varón trabajando en una fábrica de munición.

El hombre y la mujer no son tan distintos entre sí

No obstante, la psicóloga Janet Shibley Hyde analizó que los hombres y las mujeres son más parecidos en las variables psicológicas desde la infancia hasta la adultez, en algo que se conoce como la hipótesis de semejanza de género. Hyde examinó las características y las habilidades entre ambos géneros (comunicación verbal y no verbal, agresión, liderazgo, autoestima, razonamiento moral, comportamientos y conocimiento) y concluyó que los varones son más agresivos físicamente, se masturban con más frecuencia y son más abiertos a las relaciones sexuales sin ataduras en comparación con las féminas.

La experta también observó que los participantes del estudio fueron más honestos cuando se les aseguró que no se les iba a clasificar por género, ni se les pediría identificación para evitar estereotipos. En consecuencia, Hyde notó que las mujeres resultaron ser más agresivas que los hombres. Los investigadores entendieron entonces que los roles y la socialización tienen mucho peso en las acciones de una persona.

La psicóloga afirmó que las ideas erróneas que se promueven en los libros y otros medios de comunicación sobre de las diferencias entre hombres y mujeres son exageradas y crean estereotipos. Mencionó que el varón y la hembra no son tan dispares entre sí, basado en los estudios que realizó.

En conclusión, la crianza dada a los niños por los padres, familiares, maestros y otras personas es significativa en los preceptos de los roles, de la identidad y de los estereotipos. A través de la vida, estos conceptos se pueden modificar o cambiar. Pero lo más importante es entender que ser distintos no quiere decir que debe haber desventajas, prejuicios o discriminación entre hombres y mujeres.

Fuentes: Sexualidad Humana de Janet Shibley Hyde, John D. DeLamater, El sexólogo en casa de Concha Madueño, Real Academia Española (lema.rae.es), definicion.de.

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